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Opinión

Y el móvil mató la cámara fotográfica

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Hace apenas unos días, Terushi Shimizu (CEO de la división de semiconductores de Sony) afirmó que en 2025 la calidad de las cámaras de los teléfonos móviles llegará a superar la calidad de las cámaras fotográficas. Estamos asistiendo a la muerte del concepto clásico de la fotografía. La transición de la fotografía analógica al entorno digital supuso la muerte de fabricantes míticos como Agfa, Contax, Kodak o Minolta. Ni siquiera la II Guerra Mundial produjo tanto daño en la industria fotográfica. ¿Qué ha abocado a la fotografía al borde de la extinción?

La muerte de la Fotografía

La industria de la fotografía vivió su época dorada entre las décadas 60-90 del siglo pasado. Prácticamente todas las familias tenían una cámara fotográfica en casa. Incluso más. No era extraño regalar una cámara Kodak Instamatic a los niños con mayor curiosidad fotográfica. Ya fueran cámaras réflex o compactas, la fotografía había permeabilizado en todos los estratos de la sociedad. Las fotografías del segmento aficionado llenaban los álbumes de fotos de vacaciones y celebraciones familiares, como cumpleaños o los regalos de un día de Reyes. Esas fotografías formaban la historia personal y familiar de miles de millones de personas.

Smartphone 2

Por su parte, los fabricantes de cámaras y objetivos se podían permitir lanzar modelos cada 8-10 años. Además de las marcas de renombre, existían una serie de fabricantes más pequeños, que también vivían de la fotografía. Chinon, Cosina, Vivitar, Soligor, Sunpak o Braun –entre muchos otros– también gozaban de su porción del pastel fotográfico. El avance de la tecnología marcaba unos ritmos capaces de ser asumidos por los compradores, ya fuesen aficionados o profesionales. Pero con el cambio de milenio llegó la fotografía digital y ahí empezó a morir la Fotografía.

El cambio de paradigma

Las tarjetas de memoria sustituyeron a la película fotográfica. El fabricante alemán Agfa desapareció. Kodak pasó a ser un espectro del gigante que llegó a ser y Fujifilm sufrió años de vaivenes hasta encontrar en la Serie X y –de manera especial– en sus cámaras de película instantánea Instax el salvavidas que lo arrastrase a la desaparición. Los departamentos de márqueting de las empresas fabricantes de cámaras fotográficas pasaron de manos de amantes de la fotografía a otorgar todo el poder a egresados en escuelas de negocios, a quienes les da igual vender cámaras que melones.

Compact camera

Los avances tecnológicos y la peor gestión empresarial posible condujo a los fabricantes de cámaras a entrar en un ritmo de generación de nuevos modelos de manera anual. Cada año se presentaban nuevas versiones de los modelos existentes en el mercado. Un mercado que se saturó de manera temprana por el número de novedades y –en especial– por la muy escasa calidad de muchas de esas novedades. ¿Realmente es necesario bombardear cada año con novedades digitales? Por supuesto que no. Ni aportan un plus de calidad a lo que ya ofrece el mercado, ni existe una sociedad capaz de digerir tal empacho.

Y llega el smartphone

Las cámaras compactas digitales se vendían por toneladas en las grandes superficies. ¿Y la calidad? Nula. Era cuestión de vender el mayor número y esto sólo se hacía por precio. Los fabricantes de cámaras compactas prostituyeron sus marcas y –lo que es peor– el propio concepto de Fotografía. Poco a poco los teléfonos móviles empezaron a incorporar cámaras. Unas cámaras que ofrecían cada vez mayor calidad. Una calidad que muy pronto llegó a ser comparable con la de unas indignas cámaras compactas.

Smartphone

El precio de los smartphones se incrementó hasta alcanzar los 600 euros, para en poco tiempo subir hasta los 800 y –desde hace pocos años– superar los 1.000 euros. Esto supuso la desaparición del segmento de cámaras compactas, tal como se entendió desde la era analógica. La cámara de iniciación que nos llevó a muchos a aficionarnos a la fotografía y comprar años después una réflex, había desaparecido.

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El presente

La industria fotográfica vive la peor crisis de su historia. El volumen de cámaras vendidas cae en unidades y en precio. Los motivos están claros: una pésima gestión por parte de los propios fabricantes y la implementación del smartphone como cámara fotográfica diaria. Sólo quien ama de verdad la Fotografía se compra hoy en día una cámara. Por otra parte, ningún fabricante ha escapado a la trampa de los influencers, la especie humana que tanto vende un bikini como una cámara mirrorless a adolescentes que jamás comprarán algo tan demodé como una cámara fotográfica. Otro aplauso para las privilegiadas mentes de los departamentos de márqueting de la industria fotográfica.

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El futuro

Cuando un muy alto cargo de Sony afirma que en un par de años los teléfonos móviles podrán ofrecer una calidad de imagen similar (sino superior) a las cámaras fotográficas, el resto de fabricantes deben echarse a temblar. Sony seguirá en el negocio, gracias a fabricar la mayor parte de sensores que incorporarán los smartphones, pero qué pasará con marcas como Canon, Fujifilm o Nikon? Ni siquiera cito a Olympus, pues ya ni siquiera existe como tal. La diversificación de estas marcas en otras área de negocio será su salvavidas.

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Las generaciones más jóvenes han recuperado la pasión por una fotografía que se aleja de la inmediatez de los resultados. Para eso ya fotografían con su teléfono móvil. La fotografía analógica está viviendo un renacimiento. La venta de película fotográfica se multiplica de manera exponencial año tras año. Sin embargo, el precio se ha encarecido de manera muy alarmante, poniendo en riesgo la forma más pura y clásica de entender la Fotografía. ¿Serán capaces los fabricantes de matar por segunda vez a la Fotografía?

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