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Opinión

Porqué regresé a la fotografía analógica

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Tras casi tres décadas utilizando cámaras digitales una fría mañana de noviembre de 2019 desperté con un sentimiento de abandono. Casi de orfandad. Como fotógrafo, sentía que me faltaba algo. Era algo que conocía, pero que el tiempo y la tecnología me habían hecho olvidar casi por completo. En aquel mes de noviembre pre-pandemia se despertó la necesidad de volver a sentirme fotógrafo, de cambiar tecnología por técnica. De sentir la cálida frialdad del metal, en lugar del anodino y vulgar plástico de demasiadas cámaras digitales. Mis dedos ansiaban mover un aro de enfoque real y mi pulgar derecho pedía a gritos accionar la palanca de arrastre de la película. No fue una crisis de nostalgia. Fue un arranque de dignidad. Ése fue el motivo de porqué regresé a la fotografía analógica.

Porqué regresé a la fotografía analógica Nikon FE Kodachrome

Tecnología vs. técnica

Las cámaras digitales han supuesto la mayor revolución en la industria fotográfica en más de un siglo. Los profesionales podemos estar enviando las fotos que hacemos en tiempo real a las redacciones de diarios, revistas y agencias de noticias. Los sistemas de fotometría hoy son tan perfectos que podemos vincular la medición de luz al punto de enfoque. Los sistemas de enfoque automático disponen de la precisión necesaria para clavar un enfoque perfecto en el ojo de un sujeto en movimiento. Y el color… Podemos corregir las dominantes de color bajo cualquier tipo de iluminación. Todos estos avances tecnológicos han supuesto facilitar al máximo el trabajo profesional en ámbitos tan diversos como la fotografía deportiva, de moda y de interiorismo.

Kodak T-Max 100 Port

Sin embargo, hay aspectos que han empeorado con el avance de la tecnología. Hoy ya no se hacen fotografías. Hoy se dispara. Las cámaras de gama profesional llegan a ofrecer una cadencia de disparo de más de 30 imágenes por segundo. El cine utiliza 24 fotogramas por segundo y el vídeo, una más. ¿Realmente se necesita “filmar” una secuencia en un partido de fútbol o volleyball? Llámame clásico, pero no entiendo realizar más de 60 disparos para quedarme con una sola foto. La tecnología suple a la técnica, incluso en el estudio. El formato RAW y el rango dinámico han sustituido al fotómetro al trabajar en el estudio con flashes. Para mí, esto es la prostitución de la fotografía.

En busca del negro perdido

Otro de los aspectos de porqué regresé a la fotografía analógica reside en la densidad y pureza de los negros. Durante años estuve buscando la profundidad de los negros que me regalaban las películas fotográficas. Jamás los encontré y en su lugar tuve que conformarme con zonas muy oscuras y llenas de señal de ruido. Ese ruido electrónico detestable y artificial. No hay peor decepción que la fotografía en blanco y negro digital. Sí es cierto que la película jamás alcanzará el rango dinámico que ofrecen las cámaras digitales, pero a qué precio? Vivimos en un mundo donde llamamos “experiencias inversivas” a vídeos mejorados, pero que es incapaz de conseguir los negros intensos y profundos que nos regala la película fotográfica.

Porqué regresé a la fotografía analógica Kodak T-Max P3200

Grano vs. ruido electrónico

La tecnología ha avanzado mucho en el último lustro y la señal de ruido al disparar con ISO altos y extremos es menos visible. Sin embargo, el ruido electrónico jamás ha alcanzado ser tan estético como el grano de la película fotográfica. El grano es inherente a la fotografía analógica. Es una de sus señas de identidad, pues no es más que la reacción química de los haluros de plata a la luz. El grano de la película puede ser discreto o agresivo, pero siempre es visible. Pero a diferencia del ruido electrónico de un sensor no produce puntos alterados de color. El grano siempre será uniforme en todo el área de la imagen.

Cámaras dignas

Otro de los motivos de porqué regresé a la fotografía analógica es la calidad de fabricación de las cámaras y objetivos. El avance de la tecnología no llegó a los materiales de construcción de las cámaras digitales. El metal ha dado paso a plásticos, incluso en los grandes teleobjetivos profesionales. Marcas como Sony incluso han bautizado el plástico que utiliza bajo el nombre de “Sorplas” (¿Será de “sorprendentemente plasticoso”?), mientras que el resto de fabricantes se limitan a ocultar los materiales de construcción de sus cámaras o a referirse a “polímeros”. Otro aspecto a tener en cuenta es la durabilidad de la propia tecnología. ¿Qué tal si un día hablamos de la obsolescencia programada y de la castración de prestaciones en los modelos más baratos, respecto a los de gama superior?

Cristal vs. plástico

La fotografía analógica supuso la edad dorada en el diseño y fabricación de objetivos. Nombres como Leica y Carl Zeiss fundaron los cimientos de la conciencia entre los amantes a la fotografía a la hora de valorar la calidad óptica. Los fabricantes japoneses (Canon, Minolta, Nikon, Pentax…) también se esforzaron por dar lo mejor y presentaron los diseños ópticos que incluso siguen vigentes a día de hoy. Esto es evidente al comprobar los diseños de los grandes teleobjetivos o de los zooms de gama profesional. La gran diferencia entre un objetivo fabricado entre los 70–90 del pasado siglo y otro fabricado hoy es el peso. Un peso que se ha reducido debido a los materiales de construcción (hoy son de plástico) y también a las lentes. Muchas lentes hoy utilizan “vidrio moldeable”. Esto no es más que un eufemismo para esconder (imagino que por vergüenza) la palabra plástico. Antes se llamaba vidrio “orgánico”.

Leitz Macro-Elmarit-R 60mm ƒ/2.8

Técnica, a la fuerza

A los 14 años tomé prestada la cámara Mamiya/Sekor 500 TL de mi padre. Sentí que mi cámara Kodak Instamatic 126 ya no podía regalarme nada más y sacaba a escondidas aquella pesada cámara réflex. Incorporaba una montura de rosca ø42 y el fotómetro no funcionaba. Esto me hizo aplicar la regla de “pleno sol = ƒ/16” y “sombra = ƒ/5,6” y fijar la velocidad al valor ASA (ISO) más cercano a la película que utilizaba. Carecer de fotómetro me obligó a pensar más cada foto, pues –en el mejor de los casos– sólo tenía 36 disparos para lograr una buena fotografía. Mi zona de confort se reducía a un mundo comprendido entre 1/60seg. y 1/500seg, que era la velocidad de exposición más rápida que ofrecía aquella vieja cámara Mamiya/Sekor.

Nikkor 28mm ƒ/2.8 Ai-S

Con el tiempo aprendí que un 50mm no es la mejor focal para hacer retratos a novietas, amigos y abuelos. El objetivo estándar de 50mm se quedaba corto para hacer retratos y era demasiado largo para fotografiar paisajes. Un año más tarde entraron un zoom Hoya 80-200mm ƒ/4 y el angular Takumar 28mm ƒ/3.5, fabricado por Pentax, ambos de segunda mano y tras pasar los meses de verano trabajando en las rebajas de una camisería de lujo. El angular de 28mm, el objetivo estándar de 50mm y el zoom 80-200mm se convirtieron en la Santísima Trinidad de mi religión, de la que me hice fiel devoto.

El color perdido

La fotografía analógica ha sido –tradicionalmente– blanco y negro, pero también es color. Y hablando de color es necesario dedicar un apartado a la mejor película en color jamás fabricada: Kodachrome. Kodak desarrolló la mejor película reversible en color. La única película que tiene su propia canción y hasta una película. La diapositiva de Kodachrome 25 inferior tiene 42 años de vida y mantiene unos colores vivos y brillantes. Y todavía puedo tocarla con mis dedos. Es una fotografía que existe. No es una serie de 0 y 1 que puede desaparecer al reventar un disco duro o por una catástrofe “en la nube”. La fotografía analógica se toca. Existe. Vive.

Kodachrome Primrose Hill

Fotografía química

Descubrí la belleza de la fotografía en blanco y negro y gracias a mi tío Rafael aprendí a revelar mis carretes Negra y Valca, fabricados en España y los más baratos de la época. A los 15 años revelé mi primer rollo en blanco y negro y el olor del fijador me convirtió en fanático del proceso de cargar la película en el espiral y procesar en plena oscuridad. Una oscuridad que es la antítesis de la luz, imprescindible para hacer una fotografía. Además de ir probando diferentes películas y sensibilidades, con el tiempo descubrí que en “Can Tianet” vendían en un sobre de papel estraza las cantidades justas de hidroquinona, metol, hiposulfito de potasio para hacer fijador y reveladores equivalentes a Rodinal o Kodak Microdol-X. La fotografía también era olor. Un olor que a día de hoy sigue logrando arrancarme una sonrisa, por el amor al trabajo casi artesano que me regala el revelado en casa.

Rollei Retro 400S Bubbles

No es nostalgia

Quienes piensen que el renacimiento de la fotografía analógica se debe a un ataque agudo de nostalgia se equivocan. La mayoría de amantes de la fotografía analógica son las nuevas generaciones. Buena parte, nacidas en el siglo XXI y que jamás supieron de película fotográfica, ni de objetivos de enfoque manual. Las nuevas generaciones buscan en la fotografía analógica lo mismo que buscamos las generaciones que nacimos en la edad de oro de la película fotográfica: una manera de hacer fotografías más participativa y menos automatizada. Un tipo de fotografía que se puede tocar, donde lo físico sustituye a lo digital e intangible. Por supuesto que la fotografía digital resulta de gran ayuda al profesional y que los móviles nos salvan en muchas situaciones, pero qué pasa cuando tenemos ganas de salir a hacer fotos?

Nikon FE Color

No es nostalgia. Se trata de dignidad. Amo la textura de la cubierta de piel de mi Leica R6.2 y sentir la calidez del frío metal en mis manos. Me encanta ver por el visor cómo las escenas van enfocándose poco a poco. Ese enfoque suave que se obtiene por la acción de mis dedos en objetivos fabricados en metal y el más puro cristal. Objetivos que se fabricaron hace más de medio siglo y se diseñaron sobre papel por leyendas de la óptica, como el Dr. Walter Mandler, creador de algunos de los mejores objetivos de Leica. En la parte japonesa jugaron diseñadores como Fujie y Shimizu, creadores de algunos de los objetivos que llevaron a Nikon a ganarse el respecto entre profesionales y aficionados de todo el mundo. Todos ellos tenían algo en común: su pasión por la fotografía.

Recomiendo visitar: https://imaging.nikon.com/imaging/information/story/

Presente y futuro

Regresé a la fotografía analógica hace algo más de seis años. Faltaban apenas tres meses para que llegase la pandemia del Covid-19. En noviembre de 2019 un rollo de Kodak Gold 200 costaba 2,95 euros. En apenas seis años el precio de esta película se ha multiplicado por cuatro. Lo mismo ha sucedido con las películas en blanco y negro. Fabricantes y distribuidores de película están matando a la gallina de los huevos de oro. La fotografía analógica puede morir de éxito. Y no debemos permitirlo, pues será la segunda vez que la fotografía habrá muerto.

Fujicolor C200

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